Una creación de Hernán Gené dirigida por Mario Barzaghi

“Junto a la antigua Torre del Consejo de Tubinga, Alemania, hay una pequeña casita; arriba, en un cuarto, hay una ventana enrejada que tiene una amplia vista al campo. Esta habitación es el pequeño remanso de Hölderlin, el poeta, que ahora, en el ocaso de su vida, perdida la razón,  firma sus cartas y notas con las palabras: ‘Vuestro humilde servidor, Scardanelli’.”

Stefan Zweig, “La lucha contra el demonio”

Ficha artística:

Dirección: Mario Barzaghi (Teatro dell’Albero, Milán)
Colaboradores de la creación: Elizabeth Clarke y Romero
Ayudantes: Carolina Bermúdez, Juan Miguel Alcarria Herrera
Escenografía: José María Sánchez Rey
Vestuario: Pepe Uría y Hernán Gené
Iluminación: Pedro Yagüe
Edición sonora: Fernando Díaz
Programación en Qlab: Juan Miguel Alcarria Herrera
Artesano Mágico: Pedro Santos Torres
Pelucas: Mauro Gastón
Atrezzo: María Luisa Elvira Sánchez
Construcción de escenografía: Ramón Jiménez
Asesoramiento: Karina Garantivá
Diseño de programa: José Antonio Pascual
Cartel: Cristina Segovia, Olga Galindo y Saúl Blanco
Vídeos:

  • “Mapas”
    • Fotos: Olga Galindo
    • Realización: José Antonio Pascual
  • “Persecuciones”
    • Dibujos: María Chevalier
    • Animación: Julián Rur

Sinopsis:

“El gran amo del mundo estaba sin alegría, algo faltaba a su divinidad. Por eso creó a los espíritus, que son los espejos afortunados donde se refleja su divina beatitud.” 

Friedrich Schiller, ‘Los dioses griegos’.

Estamos ante un espacio onírico, redoblado, una casa-biblioteca; dentro vive un personaje, solo y mudo. Un niño grande se sienta, lee y pasando las páginas de un libro libera una mariposa animando la lectura. De modo aparentemente inocente, cabeza abajo y con su  estabilidad alterada establece una relación con los objetos que lo circundan. Vive dentro de una contradicción evidente: viaja estando quieto.

Despliega su hacer dentro de una relación psicofísica poco lineal que tiende a exaltar los estados extremos: pasa de la catatonia a la expresión más dinámica y fulminante.

Los planos perspectivos se suman dentro de una composición cuasi cubista; el espectador deberé confrontarse con esta visión alterada, percibida, justificable y necesaria no desde una idea provocada a priori sino del hacer poético y aparentemente infantil del personaje que establece con los objetos una relación que les asigna no el destino que nosotros, a través de las convenciones, le hemos dado sino el valor gemelo escondido en ellos en sí y por sí que sólo los muy especiales pueden entrever.

Por su propia naturaleza física el espectáculo ofrece diversas lecturas a diferentes espectadores. Al apoyar la narración en lo físico antes que en la palabra el cuerpo se vuelve libro, alma donde todo sucede, una pequeña superficie metáfora del inquietante mundo.

En palabras de Stefan Sweig: “Sólo lo raro ensancha nuestros sentidos, sólo ante el estremecimiento crece nuestra sensibilidad. Por eso lo extraordinario es siempre la medida de toda grandeza”

Trailer: