Hernán Gené :: Blog

Un Mal Endémico

Uno de los males habituales que asola al teatro es el de Los Directores Que No Dirigen. Una plaga muy extendida.

Sencillamente se sientan y, haciendo alarde de su ignorancia (muchos de ellos ignoran su propia ignorancia) dejan que los actores hagan lo que puedan.

¿Qué es dirigir?, me pregunto.

Dirigir supone justamente eso: marcar un rumbo, una dirección -me respondo-, señalar un punto de llegada.

Con distintas artes, el director seduce al equipo para llevarlo en la dirección que ha elegido. Busca y define un estilo de interpretación común al elenco, y sienta las bases de toda búsqueda -no sólo la suya propia, sino la de todos los que le rodean en el trabajo, empezando por los actores.

Durante la travesía puede suceder que el rumbo cambie, que el derrotero se vea alterado un sinnúmero de veces por diversas circunstancias: nuevos descubrimientos en la pieza a montar, aportes de los componentes del equipo artístico y técnico, cambio de actores, acontecimientos varios, incluso fuera del ámbito teatral, etc..

Pero siempre será, debe ser, el que lleve la nave hacia el puerto que ha elegido y de la forma que ha elegido.

Incluyendo esta actividad de dirigir muchísimas responsabilidades y un enorme trabajo, ésa es, a mi entender, la tarea primera de un director de teatro.

Los Directores Que No Dirigen creen muchas veces que porque el actor se ha aprendido la letra para el primer día de trabajo y la puede decir con cierto encanto, y porque ha traído al ensayo una propuesta, generalmente vaga, de personaje, creen, digo, que todo va bien, y como no saben qué hacer -porque no lo saben, lo terrible es que no lo saben- dejan que la cosa transcurra sin siquiera participar.

Entonces sucede lo peor: por un lado, como alguien tiene que dirigir, la responsabilidad cae en manos de los intérpretes que, de manera consciente o inconsciente, se hacen cargo del estilo y de la puesta en escena. Deciden cuándo entrar, cuándo y por dónde salir, por donde caminar, qué tempo y qué ritmo utilizar, etc. Y lo que me parece aún peor, toman, inevitablemente, decisiones que hacen a la ideología del espectáculo. Y todo porque han caído en manos de alguien decididamente nulo para la tarea que debe llevar. (A menudo el actor no se da cuenta de que elevando el tono en tal o cuál réplica, o mirando o dando la espalda a su interlocutor en tal o cuál situación, etc., está definiendo la idea del espectáculo y esto, antes que nada, es la tarea del director)

Y por otro lado crean un clima de trabajo enrarecido, cansino, a la vez que favorecen esa actividad tan cara a los actores: la queja vedada y secreta.  

No me estoy refiriendo a directores a los que les gusta permanecer callados o aquellos que saben estimular el trabajo y nutrirse de los frutos que ese trabajo da para su puesta en escena; tampoco me estoy refiriendo a los que trabajan casi exclusivamente a partir de lo que el actor crea. Ni me estoy refriendo a los que se dedican sólo a trabajar la puesta en escena y dejan al actor librado a su suerte. Bien o mal esas son formas personales, y como tales nada cuestionables, de llevar la nave a destino.

Me refiero a los que no hacen nada que tenga que ver con dirigir el espectáculo hacia algún sitio. A los que un día, digamos entre la segunda y tercera semana de ensayo, dicen “Pasemos de la escena 1 a la 7” y al terminar ese pase dicen “Muy bien, muy bien. Hagámoslo otra vez, ahora hasta el final”. Como son ignorantes, dejan que pasen los ensayos así, trabajan en general, desoyen los múltiples pedidos de ayuda de los actores, se sienten agredidos a la primera observación de que al trabajo tal vez le falte algo.

 

Son ignorantes, y por eso desaprovechan la concentración de talento que se ha dado cita en la sala de trabajo, y firman espectáculos que el público no debería ver jamás.

Si son afortunados, un grupo de buenos actores le hace el espectáculo y ellos salen bien parados. Por mi parte, como actor, detesto hacer el trabajo que debería hacer otro y les huyo como a la peste, aunque a veces, no advertí el mal a tiempo y debo confesar que me encontré pillado, atenazado y fastidioso -porque trabajar con ese tipo de directores me fastidia- y termino entristecido por nuestro malogrado arte, que tan a merced de incompetentes se halla. Y así, entristecido, me pregunto por qué los actores favorecemos y permitimos que esta plaga se extienda y sobreviva.

 

Luego nos extrañamos de que la gente no quiera ir al teatro…

 

La Vía del Actor es un espacio de encuentro, para aquellos actores que dedican parte de sus esfuerzos al perfeccionamiento y a la exploración de nuevas formas, en el que se ofrecen actividades como charlas, coloquios, talleres y conferencias, con la finalidad de propiciar el diálogo artístico y el intercambio de ideas entre los profesionales.

En este proyecto se ha visto involucardo Hernán Gené como director de la obra “Los conserjes de San Felipe” obra del dramatrugo José Luis Alonso de Santos.

El CDN ha realizado un Micro Documental  sobre los ensayos de “Los conserjes de San Felipe”, primera producción del Centro Dramático Nacional enmarcada en el proyecto LA VÍA DEL ACTOR del Laboratorio Rivas Cherif.

Os dejamos con el:

 

Hernán Gené :: Teatro :: Los conserjes de San FelipeDel 19 de septiembre al 14 de octubre del 2012 en el Teatro Español se estrenará “Los Conserjes de San Felipe.  Dirigida por Hernán Gené, la obra es una producción del Centro Dramático Nacional y del Consorcio para la Conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812, y se enmarca en el proyecto La vía del actor del Laboratorio Rivas Cherif.

Los Conserjes de San Felipe (Cádiz 1812) constituye un espléndido ejemplo teatral de reelaboración y recreación histórica. Alonso de Santos construye una magnífica historia de amor y de guerra en el marco del Cádiz de los primeros años del siglo XIX. El mapa conceptual y político adquiere categoría dramática y las vidas y muertes de unos personajes sirven de lección ética a los lectores y espectadores, en el marco histórico de unos acontecimientos que influyeron de forma decisiva en el desarrollo de la historia contemporánea. Una obra abierta, poliédrica, que indaga en los diversos pliegues y capas de la sociedad, donde lo popular se combina con lo erudito, el componente amoroso con el elemento trágico, la densidad dramática con la gramática jocosa de la comedia, el discurso político con la canción tradicional, el marco histórico general con el acontecimiento histórico cotidiano particular.

Podéis ver aquí el Vídeo promocional  de “Los conserjes de San Felipe” realizado por Paz Producciones, S.L

En el siguiente vídeo el autor de la obra “Los conserjes de San Felipe”, José Luis Alonso de Santos nos introduce en la historia de Cádiz de 1812.

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Se ha podido rescatar esta entrevista que se le hace al actor, director y pedagogo Hernán Gené en el canal NCI (Noticias Culturales Iberoamericanas) en la que habla de sus estancia en España y de sus trabajos del año 2010, exactamente sobre la obra “Piedras en los bolsillos” obra que dirige.

Sin más os dejamos con la entrevista:

Hernán Gené, actor, director y docente argentino : Las artes escénicas españolas disfrutan desde hace más de una década del talento de Hernán Gené: Actor, director y pedagogo argentino que vive en Madrid desde 1997.

 

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